Como bestias inmóviles tumbadas en la arena, Vuelven sus ojos hacia el oceánico horizonte, Y sus pies que se buscan y sus manos unidas, Tienen dulces caídas y temblores amargos. Las unas, corazones que aman las confidencias, En el fondo del bosque donde el arroyo canta, Deletrean el amor de su pubertad tímida, Y marcan en el tronco a los árboles tiernos; Las otras, como hermanas, andan graves y lentas, A través de las peñas llenas de apariciones, Donde San Antonio vio surgir como la lava Aquellas tentaciones con los senos desnudos; Y las hay, que a la luz de líquidas resinas, En el hueco ya mudo de los antros paganos, Te llaman en auxilio de su aulladora fiebre. ¡Oh Baco, que adormeces todas las inquietudes! Y otras, cuyas gargantas lucen escapularios, Que, un látigo ocultando bajo sus largas ropas, Mezclan en las sombrías y solitarias noches, La espuma del placer con el llanto del suplicio. Oh vírgenes, oh monstruos, oh demonios, oh mártires, De toda realidad desdeñosos espíritus,...